Después de definir los roles de un proyecto y establecer quién tiene la autoridad para tomar decisiones, surge una pregunta aún más importante: ¿con qué criterios se están tomando esas decisiones?
En los proyectos de arquitectura e ingeniería, una decisión puede acelerar el avance del proyecto… o convertirse en el origen de retrasos, sobrecostos y conflictos que aparecen semanas después. Por eso, una buena gobernanza no solo define quién decide, sino también cómo debe decidir.
Quien tiene la responsabilidad de tomar una decisión debería cuidar, ante todo, tres aspectos fundamentales.
1️⃣ 𝗟𝗼𝘀 𝗼𝗯𝗷𝗲𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝘆𝗲𝗰𝘁𝗼. Cada decisión debería acercar al equipo al propósito para el cual el proyecto fue concebido. Resolver un problema inmediato no siempre significa tomar la mejor decisión si esta compromete el resultado esperado.
2️⃣ 𝗟𝗮 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗴𝗮 𝗱𝗲 𝘃𝗮𝗹𝗼𝗿. Más allá del costo o del plazo, vale la pena preguntarse si la decisión genera un mayor beneficio para el cliente, los usuarios, la operación futura o la sostenibilidad del proyecto. Al final, el verdadero éxito no consiste únicamente en terminar un encargo o una obra, sino en entregar un activo que cumpla su propósito durante toda su vida útil.
3️⃣ 𝗘𝗹 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗲𝘀𝗮𝗱𝗼𝘀. Una decisión rara vez afecta a una sola persona o disciplina. Puede influir en el cliente, los diseñadores, los especialistas, el constructor, la operación futura e incluso en la comunidad. Entender esas interacciones ayuda a evitar conflictos y facilita una mejor coordinación.
¿Cómo fortalecer entonces la toma de decisiones?
Una buena práctica es apoyarse en herramientas de gestión que aporten objetividad y trazabilidad.
– una 𝗺𝗮𝘁𝗿𝗶𝘇 𝗺𝘂𝗹𝘁𝗶𝗰𝗿𝗶𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼 permite comparar alternativas con base en criterios previamente definidos;
– un 𝗮𝗻𝗮́𝗹𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗱𝗲 𝗶𝗺𝗽𝗮𝗰𝘁𝗼 ayuda a comprender las consecuencias de cada opción;
– un 𝗿𝗲𝗴𝗶𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 conserva el contexto y la justificación de lo decidido; y
– un 𝗮𝗻𝗮́𝗹𝗶𝘀𝗶𝘀 𝗱𝗲 𝗿𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼𝘀 permite anticipar posibles efectos antes de actuar.
Decidir bien significa hacerlo con información suficiente, criterios claros y pensando en el valor que se quiere generar.
Al final, los proyectos más exitosos no son aquellos donde se toman más decisiones, sino aquellos donde cada decisión acerca al proyecto a sus objetivos y fortalece la confianza del inversionista y todos los involucrados.

