En las mesas de negociación todavía resuena una frase que nos debe hacer reflexionar sobre la entrega de valor en proyectos de construcción: «Busca el material más barato para bajar el presupuesto».
Error. Confundir la Gestión de Valor con el simple recorte de gastos es uno de los errores más dañinos a largo plazo que se pueden cometer. Como profesionales, nuestra responsabilidad es proteger el patrimonio del cliente, no solo su flujo de caja inmediato. No estamos aquí para «tachar líneas» en un Excel; estamos aquí para maximizar el retorno de la inversión.
¿Qué es realmente la Gestión de Valor?
Contrario a la creencia popular, la Gestión de Valor no es eliminar elementos para ahorrar. Es la disciplina de optimizar la relación entre función, calidad y costo.
¿Cuándo se realiza? Aunque se puede realizar a lo largo del ciclo de vida del proyecto, el momento ideal es en la fase de Pre-construcción (diseño y planificación). Es aquí donde el impacto en el ahorro es máximo y el costo de implementar cambios es mínimo.
El objetivo fundamental es garantizar que cada dólar invertido aporte la mayor funcionalidad y durabilidad posible a la vida útil del activo.
El Foco de la Gestión de Valor: ¿Hacia dónde mirar?
Para que este proceso sea exitoso debemos aplicar el foco en al menos tres dimensiones críticas:
- El Ciclo de Vida: No analizamos cuánto cuesta comprar el equipo hoy, sino cuánto costará operarlo, mantenerlo y reemplazarlo en 10 o 15 años. El precio de compra es solo la punta del iceberg.
- Funcionalidad: Identificamos qué elementos son innegociables para que el edificio cumpla su propósito (por ejemplo, la altura de la estructura o la losa de piso) y cuáles son estéticos o secundarios donde sí existe margen de maniobra.
- Constructibilidad: A veces el ahorro no está en el material, sino en el proceso. Elegir un sistema constructivo que reduzca los tiempos de mano de obra y el uso de maquinaria pesada puede generar un ahorro mayor que comprar materiales de baja calidad.
Criterios para aplicar una Gestión de Valor consciente
No todo cambio es «ingeniería de valor». Para que una propuesta sea válida, debe cumplir al menos con estos tres criterios:
- Mantenimiento del Rendimiento: El cambio propuesto debe cumplir o superar el desempeño del diseño original. Si la función se degrada, es un recorte, no gestión de valor.
- Sustentabilidad Técnica: Debe haber datos que respalden la durabilidad. No se debería aceptar materiales «promesa» sin certificaciones que aseguren que resistirán el paso del tiempo.
- Transparencia de Riesgos: El cliente debe entender el trade-off. Si cambiamos un sistema, debemos informar claramente cómo afecta esto a las garantías y a los costos operativos futuros.
¿Qué ganas al aplicar una verdadera Gestión de Valor?
Cuando el equipo de proyecto trabaja con esta mentalidad, los beneficios son tangibles:
- Optimización del CAPEX: Inviertes el capital donde realmente genera valor y retorno.
- Reducción del OPEX: Los costos de operación y mantenimiento a largo plazo se mantienen bajo control.
- Sostenibilidad: Generamos menos desperdicio de recursos al evitar reparaciones constantes y sustituciones prematuras.
- Paz Mental: Entregas un activo que funciona exactamente como se proyectó, sin sorpresas desagradables para el inversor.
Si eres dueño de un proyecto, la próxima vez que revises un presupuesto no solo preguntes: «¿Cuánto me ahorro hoy?». La pregunta correcta es: «¿Cuál será el costo total de este activo en los próximos 10 años?».
Como líderes de proyecto, nuestro papel es ser los guardianes de esa visión a largo plazo. La gestión de valor requiere análisis, datos y, sobre todo, experiencia profesional. Al final del día, la calidad se recuerda mucho después de que el precio se olvida.
¿Estás planeando tu próximo proyecto y quieres asegurar que cada centavo trabaje a tu favor?
Si te interesa profundizar en este enfoque, mantengo activa la conversación profesional en LinkedIn: www.linkedin.com/in/franklinsequeira
Franklin Sequeira, PMP®





